Fecha indeterminada
El maestro avanzaba con paso seguro pero curioso por el distrito de la Asamblea, no acostumbraba a visitar aquella zona de la ciudad y cada vez que tenía que pasar por ahí se veía sorprendido por el lujo de cada tienda y las vestimentas de sus compradores. No es que la Academia fuera precisamente una pocilga pero desde luego no era comparable.
En realidad, desde que había obtenido la plaza de profesor de la Academia tampoco acostumbraba a visitar la ciudad en general, lo que le llevaba a... ¿qué hacía ahí aquella mañana? Había recibido una misiva la tarde anterior, de la oficina de la Comandante del Ejército nada menos, pidiéndole su colaboración para un tema privado del cuerpo armado. La única pista que tenía es que debía venir preparado como si fuese a librar una batalla, así que alguna idea se podía formar en su cabeza de lo que iba a pasar en aquel edificio.
Haciendo caso a la nota, se había enfundado en su armadura de cuero y llevaba consigo su espada en el cinto y su escudo en la espalda por debajo de una gran mochila bien pertrechada por la que asomaba el mango de su ballesta. Odiaba tener que cargar con todo aquello, probablemente la única parte que odiaba de su especialidad.
Tras pasar el control de acceso en la puerta, fue llevado por un joven recluta hasta una especie de patio de armas que probablemente se usase de zona de entrenamiento en la actualidad dado el equipamiento: plastrones de paja, todo tipo de armas en las paredes, dianas y algunos bancos. El patio era de planta cuadrangular y mediría no más de 10 metros de lado más otros tres de ellos de soportales cuyas columnas soportaban los balcones del primer piso.
Una vez identificado el terreno, decidió desembarazarse de su mochila y escudo y esperar pacientemente apoyado en una de las columnas revisando su libro de apuntes para preparar la clase que tenía que dar aquella misma tarde, si no acababa de baja tras lo que fuera a pasar allí.











